martes, 21 de abril de 2015

MONÓLOGO INTERIOR EN EL SANATORIO


Habrá conseguido lugar para estacionar…San Expedito, haceme un favorcito…
Es increíble cómo te ayudan los hijos, a veces te ayudan a morirte antes,  y otras te ayudan a seguir viviendo. Mejor pago y me voy. Hay gente esperando mesa. ¿Dónde está la moza? ¡El café estaba bueno como nunca! Ahora de nuevo el tema de la revista a la salida. Debiera comprarla ya,  porque tengo tiempo de leerla en la espera. Es una producción interesante y ayudo a los chicos de la calle…
 Raúl no llegó a su destino. El viaje es largo…se habrá demorado al salir. También demoran en venir a buscarme. Hay una revolución en mi panza. Creo que va a explotar culpa de los transgénicos. En esta situación debiera hacer una selección estricta de comidas. Pero a la larga, las costumbres alimenticias que traemos desde la cuna ganan…
Escandalosa mayoría de personas obesas en la calle. Es principio de mes y hasta los obesos salen a cobrar (¿algún subsidio?)Bueno, yo todavía soy de ese club, del club de los subsidios no, del club de los gorditos.
La pierna no me responde. Levantarse endureciendo los músculos abdominales… ¡músculos abominables!
No sentarse con las piernas cruzadas…pero si hace rato que no las cruzo. Si el problema es circulatorio… ¿será peor aún?
La clínica está llena. Van y vienen caras ojerosas y no tanto. Ya terminé de leer la revista. La tapa ilustrada por un dibujante de por aquí. Me duró poco.
 Estar en un pasillo me marea. Lo que marea es  la marea… de gente.
Mujeres mayores. Una minoría vestida como si hace 30 años que no salieran de su casa.
Y  yo…  que  me he vestido como de Custó Barcelona. Rayas en los pantalones  y diversos animal print, remera y zapatos  con leopardos diferentes, más rompe vientos, pelo al viento, párpados negros, uñas oscuras y pulseras “porfis” abundantes. Una a veces se disfraza para alegrar el día con su propia ridiculez  y cambiar un poco las propias expectativas…
Las esperas son buenas cuando el lugar es bello. Aunque este tiene un poco de panteón con tanto mármol, metal y flores blancas. Un muchacho con muletas de aluminio de buen diseño. Cinco hombres de cabeza blanca. Mujeres ancianas… muchas,  de cabeza blanca, ninguna.
Los rictus de amargura de los hombres mayores no condicen con las caras de las mujeres mayores. ¿Qué han perdido los hombres en la última parte del trayecto de su vida?
Encuentro un lugar muy cómodo con sillones. Por un pasillo  he descubierto un comedor nuevo para almorzar o cenar. A las nuevas clínicas solo les falta una tienda de souvenirs.
Podría estar haciendo algo más que escribir. Ah, pero la farmacia. Vamos a comprar un cepillo de dientes que el que tengo parece una escoba y cubre juanetes que dónde habrán ido a parar las curitas que compré el otro día. Seguro que las perdí o quedaron en las bolsas del super.
Hoy, 32º  y es invierno. Tengo que bajar del placar la ropa de verano….- Dea Bea 2014

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